
photo credit: Tambako the Jaguar
Un problema que tenemos muchos cristianos, es que a veces no sabemos cuando hablar con dureza y cuando no hablar con dureza. Cuando expresar ira santa ante lo que está mal en las congregaciones, y cuando refrenarse.
Admito con vergüenza que en el pasado he sentido cierta satisfacción al clavarle a una persona mi espada doctrinal en el pecho con rudeza y mostrarle que tengo la razón. No quiero que eso vuelva a suceder. He aprendido que no necesito tener la razón.
Detesto ser rudo con alguien, incluso aunque sea necesario, pero detesto más ser rudo con alguien cuando en realidad no debí haber sido tan duro.
Un verdadero cristiano no habla con rudeza en algunas ocasiones porque sí, sino por una causa justa ante los ojos de Dios.
Hay ocasiones en donde no me arrepiento en lo más mínimo de hablar con dureza. Parte de amar el prójimo es decirle la verdad aunque esa verdad lo incomode. La persona que más te ama es la que te dirá la verdad, y si a veces soy muy duro predicando el evangelio en diversos momentos y luchando contra lo que está mal en muchas congregaciones, es porque es necesario serlo.[Continuar leyendo]


